Esta es la historia de un dentista que se enamoró de una gorila en Estocolmo.

31/10/2010

Damián era dentista en una consulta médica en Estocolmo.

Pero no era sueco.

Una de sus grandes pasiones, además de extraer molares, era ir al zoo del centro de la ciudad.Y de todo el zoo, lo que más le gustaba, lo que más, era la zona de los gorilas.

Podía pasarse horas y horas sentado en el banco contemplándolos. Le encantaba ver cómo saltaban de tronco en tronco o cómo podían pasar el tiempo tumbados a la bartola sin hacer nada, entretenidos viendo pasar a la gente.

Solía ir cada domingo por la mañana. Como era soltero y no tenía niños, podía permitírselo.

Tal era su afición por los gorilas que además del domingo acabó también acudiendo cada día después de su consulta de dentista.

Para Damian ir al zoo era como una liberación. Todo el día con la nariz metida entre bocas malolientes le parecía una rutina de lo más tediosa. Lo odiába.

Además, los gorilas le habían cogido cariño. Se habían acostumbrado a su presencia.  Y como Damian era muy peludo, en contraste con los imberbes suecos, casi lo consideraban uno de ellos.

Lo veían diferente, sobre todo cuando venía vestido con gabardina y sombrero tirolés. Les hacía gracia.

Poco a poco Damian empezó a hacerse amigo de los gorilas. Les traía chuches y pizza.

Concretamente pizza cuatro quesos.

Estaba prohibido dar de comer a los animales. Pero es que los gorilas estaban hartos de cacahuetes y fruta, y la pizza que les traía Damian, les encantaba.

Era el único que conocía sus gustos.

A veces, cuando podía, les llevaba pulpo a la gallega y horchata de chufa.

Los gorilas le adoraban y Damian adoraba a los gorilas.

Con el tiempo, acabó hasta entendiendo su lenguaje. Es más fácil de lo que la gente piensa.

¡ugggg! Significa : “buenos días Damian”.

¡ugg! ¡ugg! Así como dicho para adentro: “hasta luego Damian.”

En cambio ¡ugg!  ¡ugg! ¡ugg! pronunciado en un tono bacilón quería decir: “la próxima pizza que sea de doble masa y con más champiñones”.

Es fácil. Todo es cuestión de afinar el oído.

Un día de verano que hacía mucho calor, Damian visitó a sus amigos primates vestido con unas cómodas bermudas beige y una camiseta imperio que dejaban a la vista sus peludas extremidades, superiores e inferiores, ambas dos.

Ese día, los gorilas estaban muy raros, sobre todo las gorilas. Y más concretamente una de ellas, la más jovencita.

Al principio todo eran miraditas, pero después no dejó de lanzarle besos a Damian y gritarle que estaba profundamente enamorada de él y que se moría de ganas de que le abrazara con sus peludos brazos de dentista.

En lenguaje gorila es algo así : ¡ugg! ¡uuuuuggg! ¡ug!

Y la cosa fue a más. Por suerte, solo Damian entendía el lenguaje gorila, porque a veces, las palabras eran muy subidas de tono y hubieran escandalizado a los otros visitantes suecos, que son una sociedad menos liberal de lo que parece y nunca hubieran comprendido que una gorila mantuviera una conversación amorosa con un dentista.

Por eso cuando pasaban por la jaula de los gorilas y veían a Damian gritando sonidos ininteligibles, preferían hacerse el sueco. Aquí nacío la famosa expresión “hacerse el sueco”( Den svenska, en sueco)

Algunos meses después, sucedió algo increíble: los pacientes que acudieron a la consulta de Damian, se encontraron con la puerta cerrada.

Y ese mismo día, todos los telediarios abrían con la noticia de que una gorila hembra del zoo de Estocolmo, se había escapado misteriosamente burlando todas las medidas de seguridad.

Aunque se la consideraba una primate relativamente pacífica, se aconsejaba a los ciudadanos suecos, y también a los no suecos, ( la política sueca era muy respetuosa con los extranjeros) que se andáran con mucho cuidado hasta que las fuerzas del orden capturaran al animal.

Pero no lo capturaron.

Ni lo encontraron jamás.

Tampoco los pacientes del doctor Damian pudieron volver a visitarse con el peludo dentista que se hacía pasar por sueco.

El mismo día de la noticia de la desaparición de la gorila, la pizzería donde Damian solía comprar las pizzas, recibió un extraño encargo: dos pizzas de cuatro quesos con doble masa y ración extra de champiñones y una botella de cava catalán.

Bueno, eso no era tan extraño, lo sorprendentemente extraño es que la dirección de entrega era una lugar remoto en el sur de Kenia.

Y allí enviaron las pizzas.

 

Fin

( ps ) Cuentan que el repartidor que entregó las pizzas, comentó a su regreso que le habían dado una generosa propina y que el cliente no protestó porque las pizzas llegaran frías.

 

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